Antes de esa fecha sólo parecía haber
habido batallas personales por la aceptación y la tolerancia,
la mayoría de las veces perdidas. La historia de la cultura
occidental está surcada por sospechas más o menos
confirmadas sobre la homosexualidad de muchos personajes, desde
aquellos citados en el texto bíblico -Ruth y Noemí,
el conflictivo triángulo de Saúl, David y Jonatán-
pasando por la permisiva época grecorromana -Aquiles y Patroclo,
Sócrates, Platón, Safo, Virgilio- hasta los más
perseguidos en los siglos que nos precedieron: Eduardo II, Juana
de Arco (empecinada en vestirse como hombre hasta en prisión),
Catalina la Grande, Isabel i, la reina Cristina, Leonardo da Vinci,
Miguel Angel, Shakespeare, Lord Byron, Bacon, Chaikowski, entre
otros. Fueran ciertas o no, las sospechas surgieron a partir de
comportamientos que no obedecían al estrecho modelo considerado
"normal". Millones de pers La segunda mitad del siglo
xix albergó grandes cambios en todos los órdenes de
la sociedad. La Revolución Industrial provocó nada
menos que el surgimiento de una nueva clase social: la clase obrera.
Los cambios políticos resultantes alteraron igualmente los
papeles de los ahora "ciudadanos" dentro del Estado. Las
demandas de las mujeres organizadas marcaron el inicio de otra transformación
-más profunda y a largo plazo- en la distribución
del poder dentro de la familia y la sociedad. La ciencia, en su
avance acelerado hacia una mejor comprensión del mundo natural,
físico y psíquico, ayudó a generar la conciencia
de la diversidad humana. Resultaba extraño que los "diferentes"
no reclamaran también sus derechos |
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La historia
suprimida:
En 1974, en plena efervescencia del movimiento
gay y lésbico en Europa y Estados Unidos, apareció
publicado en Nueva York un libro en el que los investigadores John
Lauritsen y David Thorstad reconstruyen la olvidada historia del
primer movimiento reivindicador de los derechos de las personas
homosexuales.
El término "homosexual" en sí
mismo fue acuñado en 1869 por un médico húngaro
de apellido Benkert, desde una carta dirigida al ministro de Justicia
alemán y firmada con el seudónimo "KM Kertbeny",
en la que reclamaba la derogación de las leyes que penalizaban
las relaciones entre hombres (el "descubrimiento" de la
sexualidad de las mujeres demoraría un poco más).
Unos años antes, un amigo de Benkert, Karl Heinrich Ulrichs,
había publicado unos folletos sobre el tema creando el término
"uranios", basado en el nombre de la musa que en el Simposio
de Platón protege el amor entre los hombres.
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En eEn 1860 se había publicado Hojas de hierba,
de Walt Whitman, en la que su autor -del que hoy se conoce una copiosa
correspondencia intercambiada con varios de sus jóvenes amantes-
exaltaba el erotismo masculino, disimulándolo apenas con alusiones
a los cuerpos de hombres y mujeres.
sa misma década de 1860, el abogado JB von Schweitzer
fue condenado por actos homosexuales en la ciudad de Mannheim, en Alemania.
Su defensa fue asumida por el líder sindicalista Ferdinand Lassalle.
Schweitzer se afilió a la Asociación Universal de Trabajadores
Alemanes, generando el rechazo de algunos dirigentes. Nuevamente en su
defensa, Lassalle escribió: "Lo que Schweitzer hizo puede
no gustar, pero yo no puedo verlo como un crimen. De cualquier manera,
no podemos privarnos de una persona de tanto talento, de un hombre fenomenal.
En última instancia, la actividad sexual es una cuestión
de gustos y debería ser librada a la decisión de cada persona,
siempre que no lesione los derechos de los demás".
Este alegato y la actuación de Schweitzer hizo
que los trabajadores aceptaran al abogado, que terminó siendo elegido
presidente de la asociación a la muerte de Lassalle. Esta defensa
del derecho a la libre opción sexual, hecha desde el sindicalismo,
marcó el comienzo de una afinidad entre el socialismo y el naciente
movimiento homosexual, que sólo se quebraría a partir del
estalinismo soviético.
En 1895 se produjo un escándalo que conmovió
a toda la opinión pública europea, y en par-ticular a la
británica. El famoso escritor Oscar Wilde fue acusado por el marqués
de Queensberry -padre de un joven amante de Wilde- por cometer ofensas
al pudor y actos de sodomía. Wilde fue sometido a juicio y atacado
verbalmente por el fiscal, quien declaró que "preferiría
tener que actuar sobre el más bárbaro asesinato y no en
un caso como éste, por la horrenda naturaleza de los cargos que
implica". Wilde fue condenado por el juez a dos años de prisión
con trabajos forzados. La reina Victoria rechazó el único
pedido de levantamiento de la pena, firmado por personalidades francesas.
En la propia Inglaterra, George Bernard Shaw no consiguió ninguna
firma para un pedido de excarcelación. Wilde salió de la
prisión arruinado moral y económicamente, muriendo tres
años d En este marco social, cultural y jurídico se produce
la creación en Berlín, en 1897, del primer movimiento en
defensa de los derechos de los homosexuales. Su fundador, Magnus Hirschfeld,
un psiquiatra, le dio por nombre Comité Científico Humanitario.
Un pequeño grupo en el comienzo, pero pronto se convirtió
en una fuerza activa que promovió encuestas de opinión pública
entre médicos y políticos, realizó mitines callejeros
en varias ciudades alemanas e inspiró la creación de grupos
similares en varios países europeos.
August Bebel y la bancada de parlamentarios socialistas
apoyaron abiertamente las iniciativas del movimiento para derogar las
leyes represoras, y las más altas personalidades de la cultura
alemana y europea acompañaron las peticiones con sus firmas: Herman
Hesse, George Grosz, Karl Kautsky, Albert Einstein, Martin Buber, Thomas
Mann, Carl Maria Weber, Stefan Zweig, Rainer Maria Rilke, Emile Zola y
Leon Tolstoi, entre otros. A insistencia del propio Hirschfeld se incorporaron
algunas "uranias" al movimiento, entre ellas la activista lesbiana
Anna Rühling, en 1904.
En 1921, ya en plena República de Weimar -cuyo
nacimiento fue activamente apoyado por el movimiento, al igual que el
derrocamiento del emperador-, los grupos homosexuales de Europa fundaron
la Liga Mundial para la Reforma Sexual, que llegó a contar con
130.000 afiliados.
Los cambios drásticos introducidos por la revolución
en la legislación soviética de los primeros años
-la despenalización del aborto y la aceptación de la homosexualidad-
sólo son explicables por el intenso trabajo de concientización
realizado desde principios de siglo por el movimiento homosexual y el
feminismo.
La socialización
. Si el amor entre varones había asomado a menudo
en la literatura, la toma de conciencia por parte de las mujeres de su
propia sexualidad empezó a hacer visible el lesbianismo, durante
siglos vivido como culpa, combatido por la religión como "posesión
demoníaca" y por la medicina como enfermedad cuya "cura"
podía requerir la mutilación genital.
París, con sus movimientos vanguardistas y su intelectualidad
homosexual visible (André Gide, Jean Cocteau) se convirtió
en la meca de algunas lesbianas estadounidenses ahogadas por el puritanismo
de su país. La pareja más famosa fue, sin duda, la de la
escritora Gertrude Stein y Alice Toklas, anfitrionas de los más
famosos pintores de la época.
Londres tuvo su parte, pero "a la inglesa"...
La célebre Virginia Woolf, casada -como correspondía a una
dama de su clase-, vivió varios romances lésbicos, el más
intenso de los cuales la involucró con otra escritora igualmente
casada -como correspondía a una dama de su clase- llamada Vita
Sackville-West.
El regreso de los patriarcas:
El comienzo de la década del treinta, con su ola
de inestabilidad social y económica, mostró el fortalecimiento
de las corrientes autoritarias, nacionalistas y defensoras de la vieja
moral familiar. A la derecha, Hitler rodeado de todas las variantes del
fascismo europeo. A la izquierda, Stalin derogando todas las leyes progresistas
y concentrando en sus manos la totalidad del poder. En ambos imperios,
las mujeres nuevamente a reproducir la especie y los homosexuales a la
cárcel.
En Berlín, donde el doctor Hirschfeld había
instalado el Instituto de Investigaciones Sexuales, una banda de jóvenes
nazis tomó por asalto el edificio al son de marchas militares,
volcó los tinteros sobre cada documento que encontró y tiró
por las ventanas más de 10.000 libros de la selecta biblioteca
allí reunida, quemándolos en la vía pública.
Un altísimo número de homosexuales murió en los campos
de concentración, donde debían llevar un triángulo
rosado como distintivo en sus camisas.
Algunos oficiales nazis homosexuales, a quienes Hitler
usó estratégicamente durante su ascenso, fueron fusilados
sin más trámite. El fusilamiento y la prisión fue
también el destino final de muchos homosexuales en Moscú.
Stalin los llamaba "fascistas decadentes". Los nazis les gritaban
"sucios bolcheviques". El "mundo libre" combatió
ambos totalitarismos, pero agradeció en el fondo la erradicación
que éstos habían hecho de tanto "libertinaje".
Treinta años debieron pasar para que hombres y
mujeres homosexuales de Occidente volvieran a organizarse en pos de sus
derechos. Se dice que los pueblos felices no tienen historia. A algunos
se los despoja de ella. |